Ateísmo, ¿y?

Vengo con la afirmación que hablar de ateísmo no es algo que nos permita avanzar, porque si bien coincido que las religiones son formas de manipulación y generadoras de mucho mal y pesar para muchas personas, cuando la argumentación se centra en creer en Dios o no creer en Dios queda hueca de contenido, cómo si dejar de creer en Dios fuese a resolver algo en sí mismo.

El tema es construir humanidad, es construir ciudadanía, es construir nuevas personas para una nueva sociedad, hay gente fuera y dentro de las religiones que dan grandes aportes en este sentido. Hay gente para los que su religión sirve de apoyo a un sistema de creencias y valores que les llevan a ser mejores ciudadanos, mejores personas, más solidarios y responsables, y hay gente para los que precisamente iniciar el camino de conciencia constructiva surge de rebelarse contra los dogmas religiosos de su entorno.

Hablar en forma despectiva de quién sigue el sistema de creencias de una religión es tan negativo como quien trata de forma despectiva a quién no cree, el tema en buena medida es irrelevante, y la forma de entenderlo no es oponerse frontalmente porque esto no es sino otra fuente generadora de violencia, como la que se critica, sino en buscar entender y fluir con las creencias religiosas, en su dimensión cultural que es real y tangible, y en reconocer que si bien no hay pruebas determinantes para probar la existencia de Dios, tampoco las hay para negarla.

Si bien no hay un Dios que debería dedicar su tiempo a rescatar niñas de violaciones tal y cómo espera el autor del Manifiesto Ateo (traducción al español), si que hay una inteligencia profunda inherente en toda existencia y vida, inteligencia que se desentraña parcialmente con la ciencia (y desentrañar la “lógica” natural es precisamente el objetivo de la ciencia), y a partir de allí la ciencia no para de descubrir más y más incógnitas irresolutas.

Y el problema de la violencia contra niñas y niños, ¿no es un problema humano?, de organización social, de educación, de sistemas de valores, reflejo de desordenes económicos, de desordenes psicológicos, todas estas cuestiones tan humanas, si hubiese un Dios, ¿porqué tendría que intervenir?, las corrientes de pensamiento más sublimes, más intensas, poéticas, filosóficas, incluso de nuevas concepciones de la religión, ¿no operan en otros niveles de conciencia? ¿no perciben muchas especies animales con sus sentidos sensaciones que nos resultan incomprensibles, pero que son reales y hasta científicamente verificables?.

Quizás el problema con Dios no es que en lugar de tratarse de una estatua que vayamos a querer erigir o derrumbar en nuestro interior con fines decorativos, es algo que cada quién tiene la responsabilidad de construir, como también vale la pena construir conocimiento sobre ciencias, tecnología, madurez ante los hechos significativos de la vida, etc. Al parece lo mejor y más sensato es dejarse caer, de cualquier manera, en el espacio de las dudas razonables.

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